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El porqué el Pato y Natalia se van del PRI… a MC

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Las afinidades políticas, coincidencia de pensamientos y entendimiento mutuo han llevado a Ernesto de Lucas y a Natalia Rivera por un mismo camino desde hace muchos años, y en un trabajo codo con codo al menos ya durante los últimos ocho. Juntos y convencidos, pero por razones diferentes, cruzarán el puente desde el PRI, donde han militado cerca de 30 años, para llevarlos hasta Movimiento Ciudadano. Esto será oficial en los próximos días.

La primera pregunta que hay que hacerse es ¿Por qué ambos, activos políticos importantes, se van del PRI? La primera razón, casi por ley natural, es porque la vida es un camino de ciclos, y sin ponernos demasiado románticos diremos que las circunstancias y el desgaste del tricolor, ha terminado éste, que ambos comenzaron muy jóvenes. En el caso de Natalia Rivera se prestó a ocupar una meritoria posición como punta de lanza de la campaña de oposición al PAN de Guillermo Padrés desde 2012, como regidora en Hermosillo, y como secretaria general del PRI poco después. Una posición atrevida donde todos la recordamos cargando un carrito de pesadas cajas de documentos donde recogía las denuncias de la corrupción padrecista. Algo valiente, pero de mucho desgaste, que seguramente le haya significado echarse enemigos muy poderosos en el estado para siempre, pero que a la postre, su buen hacer allí le sirvió para ganar la confianza de la candidata a gobernadora Claudia Pavlovich, como coordinadora de campaña, y luego mano derecha en el gobierno. Y además, para el PRI redituó excelentes dividendos al recuperar la gubernatura de Sonora. Pero Natalia, desde la corrección que la caracteriza y sin nunca levantar la voz, acabó cansada del desgaste de la posición, de las intrigas palaciegas de la administración pavlovichista, y a la salida del sexenio, defraudada por los caminos que muchos priistas tomaron. Además, ella arrastra un desencuentro con “quienes representan al PRI a nivel nacional”, de lo que en 2019 ya dijo “se representan a ellos, no a la militancia #NiaMi”.

Natalia se va sin echar culpas a nadie, sin peleas, sin agravios, y en estos siguientes días no la verán criticar ni un ápice al PRI ni a ningún priista. Ni siquiera a la dirigencia nacional encabezada por “Alito” Moreno, contrapunteado hoy con muchos militantes sonorenses. Se va sintiendo que el partido no le debe, pero ella tampoco le debe nada a estas alturas, más que agradecimiento y respeto. Se va con la firme convicción de poder crear puentes entre proyectos con ciertas afinidades más adelante. Se va porque siente que ese PRI donde militó más de 30 años ya no existe. Rescatando la frase de un connotado dirigente partidista nacional “Yo no me fui del PRI, el PRI se fue de mí”.

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Por su lado, la marcha de Ernesto el “Pato” De Lucas se explica desde la perspectiva de un capital político que está convencido no va a poder explotar en el PRI en los próximos años. Un capital, un proyecto y un sueño, que confía pueda encauzar desde otra trinchera. A esta convicción interna, se le une con pesadumbre el maltrato que siente haber sufrido por la dirigencia nacional tricolor. Y no hablamos de los últimos fuegos de artificio y cruces de acusaciones con motivo del relevo en la presidencia estatal, sino de algo que viene arrastrando desde hace al menos un año, cuando al terminar su periodo legal como dirigente, no fue tenida en cuenta su voz que pedía a gritos la renovación del partido. Esto le llevó a presentar su renuncia hasta 3 veces, pero ni eso le aceptaron. Además, la decisión de la ex gobernadora Pavlovich de acercarse a Morena, aceptar el cargo de cónsul en Barcelona, y desaparecer del panorama político sonorense, tampoco ayudaron demasiado.

La reciente campaña interna en el PRI, con todos sus dimes y diretes, lo enfrentó duramente con la dirigencia nacional, con Alejandro “Alito” Moreno, y por ende con su extensión en la entidad, el delegado Jorge Meade, con el que Ernesto terminó prácticamente a los gritos ante las malas praxis que pretendía el nacional. El rompimiento fue tal que el Pato lo hizo público el viernes 17 de junio, con un duro “estoy en política para ser fiel a mis principios, no para seguir la corriente de nadie, y ante los excesos no puedo ser cómplice ni dejado”, adelantando también su salida con un “allá donde iremos, hemos de desarrollarnos…”.

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Su futuro es naranja

El camino está trazado, el objetivo es claro, y el proyecto se les presenta esperanzador e ilusionante: Natalia y Ernesto se sumarán a MC.

El llamado movimiento naranja les ofrece el ecosistema ideal para iniciar un proyecto que a corto plazo puede llevarles a posiciones desde donde verdaderamente puedan desarrollarse y demostrar sus talentos en el servicio público, y en el largo quizá una apuesta mayor. Y por ponerle nombres y apellidos, lo llamaremos claramente gubernatura de Sonora. Claro, el camino será largo y pasará antes por otras posiciones dentro de MC, que al ser un movimiento joven y fresco no se encuentra tan maleado y lleno de intereses de grupos como se acostumbra en los partidos tradicionales. Natalia y el Pato han caído de pie en MC, como pudo observar incluso el ojo público en cómo fueron recibidos y apapachados por los principales militantes naranjas en la toma de protesta de Rogelio Cota como coordinador municipal en Hermosillo. Allí fueron uno más dentro de la algarabía y alegría que se vivió. El dirigente estatal de MC Manuel Scott les dedicó siempre espacio y cariño en sus palabras, el diputado Jorge Russo no dejó de acompañarlos y flanquearlos con sigilo, pero sobre todo Jorge Álvarez Maynez, como crucial figura nacional, les dedicó los mejores halagos públicos, destacando el talento del Pato “tiene todas las condiciones para ser la nueva figura de la política sonorense, depende de él”, y la preparación de Natalia “es un referente de lo que debe ser la política”.

La llegada del “Pato” De Lucas y Natalia Rivera a MC no es un enroque político de hoy, ni de ayer, sino que viene gestándose desde hace tiempo, con ponderación profunda, con idas y venidas, midiendo los pasos y construyendo un minucioso proyecto que valoran mucho las más altas esferas nacionales del movimiento que encabeza Dante Delgado. Claro que De Lucas y Rivera, con sabio pragmatismo, nunca han “dejado tirado al PRI” en el que han militado por décadas, sabedores de que allá donde van su peso específico es mayor si viene acompañado de una estructura necesaria para los retos electorales que pronto enfrentarán, e incluso de otros priistas que pronto seguirán sus pasos. Estén atentos…

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