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Jorge Armenta

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A dos años vista, definir a Jorge Armenta en pocas palabras es una tarea harto complicada. Era de esa clase de seres humanos todo terreno, que caían parados en el ámbito hasta donde la ocasión y la vida le llevase. Era amante de la política, en la que incursionó desde chico, tenía un ojo de lince para todo tipo de negocios, sabía mucho de música lo que le había llevado a dedicarse a la promoción de artistas y eventos, y tenía exquisito paladar tanto para un elaborado plato del más fino restaurante de Las Vegas así como para unos tacos de Los Bomberos en la madrugada cajemense. Multifacético, audaz, vivaracho, bromista, sibarita y hasta un poco cabroncete. Pero, sobre todo, Jorge era una gran persona.


Desde que el silbido de las ráfagas en Obregón, esas que tantas veces criticó con sus textos, se lo han llevaron, se me acumulan los recuerdos. Yo trabajé con Jorge muchos años, codo a codo, como su mano derecha en la pluma y el negocio. Me puso al frente de sus medios de comunicación siempre. Hasta que la dimensión de su hijo con forma de medio fue tan grande que se necesitó diversificar. Pero, mucho antes de eso, conocí a Jorge casi sin querer. Era el año 2009, y yo tenía poco tiempo viviendo en México, llevaba la sección de espectáculos del Diario del Yaqui, en Ciudad Obregón. Él era promotor de bailes por entonces, y había comenzado con un proyecto de semanario político, “Última Palabra”, y un día me buscó en la puerta de la redacción, y me invitó a comer al mercado municipal. Jamás hubiera imaginado que ese iba a ser el inicio de una larga y estrecha relación laboral, pero él, no sé bien en qué parte de la conversación lo supo y así decidió. Desde entonces siempre me dijo que tenía abiertas las puertas de sus empresas. Y así fue, cuando dejé el Diario del Yaqui a finales de 2010, comencé a trabajar en Última Palabra con él. ¿Y saben qué? Desde el primer momento, sin siquiera haber comenzado ese camino laboral conjunto me dio las riendas de muchas de sus iniciativas periodísticas. Así era Jorge, muchas veces daba a manos llenas sin complejo.

Jorge había nacido en el seno de una familia humilde, y todos los pasos que dio en la vida fueron por esfuerzo y capacidad propia. Como empresario tenía una capacidad casi innata para los negocios. Recuerdo cómo me contó que en su juventud más temprana trabajaba recogiendo las monedas de la recaudación de maquinitas llevándoselas al dueño, que a cambio le daba un porcentaje. Con el tiempo, acabó ganándose una parte del negocio, unas cuantas maquinitas, y luego, compró el negocio entero, y por supuesto, las ganancias. En su caminar encontró oportunidad en la organización de pequeños bailes primero, para acabar organizando los más multitudinarios conciertos de la Expo Obregón durante los últimos 8 años. Además, regentó el antro “La Capital” en la Miguel Alemán, y varios negocios como el restaurante oriental Red, antes Toshiro, frente a plaza Goya. Todo esto, sin contar su carrera al frente de los medios. Lo dicho, era un tipo todoterreno.

En la política Jorge fue una especie de niño prodigio. A muy temprana edad ya atrajo las miradas de todos los priistas cuando ganó un concurso de oratoria, entre muchachos mucho mayores. De hecho, Jorge guardaba con cariño un artículo con foto que un conocido periódico de la ciudad le había sacado en aquella época poniendo énfasis en el desparpajo de aquel pequeño atrevido. Incluso en una ocasión logró poner en jaque a todos los pesos pesados del tricolor cajemense, en la época de la primera dirigencia partidista del incombustible ADRIÁN MANJARREZ, y cuando el PRI era ese dinosaurio apisonadora que hacía lo que quería. Pero en una asamblea, Jorge se levantó para protestar ya que el disque método de decisión de un tema en discusión no era justo, y si así querían llevar las cosas, él se saldría de la asamblea. Su impulso fue seguido por muchos de los presentes, y el conocido carácter duro de Manjarrez tuvo que acabar cediendo. Con el tiempo Jorge y Manjarrez acabaron siendo muy buenos amigos.

En el albor de la administración de FRANCISCO VILLANUEVA, allá por 2008, Jorge cumplió su sueño de crear un medio de comunicación, el semanario “Última Palabra”, del cual tuve el honor de ser director muchos años. Jorge nunca fue un jefe al uso, y sin duda, acabó convirtiéndose en un amigo más que un patrón. Aunque era el dueño, él siempre se involucraba activamente en el periódico, escribía columnas (“Círculo Rojo” y “Policías y Ladrones” eran de su autoría), movía aquí, cambiaba allá, literalmente volvía loco al diseñador, el bueno de Alfredo Vega. Nos quedábamos discutiendo párrafos y moviendo comas para cerrar el semanario todos los lunes hasta las 2 de la mañana, era un trabajo titánico. De hecho, Jorge no había tenido formación periodística y carecía de esa base académica, pero la suplía con inteligencia y rodeándose de talento. Esto, hizo que durante mucho tiempo no tuviera el respeto del gremio periodístico en Cajeme, lo veían como “el empresario”. Tan es así que Javier Rodríguez “Añiñí”, un gran comunicador de esas tierras, me cuestionó fuertemente cuando le revelé que me iría a trabajar con Jorge Armenta. Sinceramente, a mí me sorprendió su talento para el periodismo. En una época preelectoral hacíamos entrevistas a dúo en un cara a cara de los aspirantes, donde los noticioso era saber arrancar las frases adecuadas del candidato que lo enfrentaran a su oponente. Recuerdo como Jorge, me frenaba para intervenir y sacar los titulares más acertados del entrevistado.

También esa era una de sus capacidades, el diálogo en corto, la negociación en la que salir ganando, y no necesariamente dinero. También, cuando el interlocutor quería ridiculizarle en el intercambio de palabras, Jorge respondía con una soltura inusitada. En una ocasión estábamos en el despacho de la por entonces candidata a la alcaldía de Cajeme, la panista ELOÍSA FLORES, y ésta con sus aires de superioridad que siempre estila, sacó de su bolso un sobre. Sin venir a cuento, comenzó a contar billetes mientras hablábamos, hizo un rollito de papel moneda y le dijo “toma Jorge, para tu papel (del periódico)”. Jorge, enseguida lo rechazó, y le inquirió que si deseaba comprar publicidad en el periódico, lo hiciera por los cauces formales. Ella insistió “para tu papel…”, y él la acabó dejando en el más penoso fuera de juego con un “¿Qué papel, Eloísa? Papel el que me estás haciendo jugar aquí, guarda el dinero por favor”.


Hay que decir que, por el camino también fue dando la oportunidad a mucho comunicador emergente de la región, y no todos han sabido agradecerle el gesto. También fue invitando y rescatando a muchos periodistas, como el experimentado Horacio Zamudio, el singular Armando Olivarría, el señorón Sergio Ibarra, el multifacético y amigo JAVIER SERNA, el talentoso Aureliano Rincón, el jocoso Humberto “Chacho” Angulo, la genial Araceli MartíneZ, y más tarde a Martín Mendoza, Candelaria González, Miguel Ángel “el profe” Vega (quien había sido mi director en el DDY), y los más recientes Daniza Vega, Luis Enrique Valenzuela, o Alejandro Jiménez.

Como persona, Jorge era quizá donde más destacaba. Si como jefe podías discutir con él, como amigo te desarmaba con su generosidad y disposición. Llegó un momento de mi camino profesional en el que de forma natural decidí comenzar este proyecto editorial en el que usted hoy me lee, INFOSON, y por lo tanto dejaría de laborar en sus empresas. Pero esto, lejos de distanciarnos, nos reveló como dos grandes amigos y compañeros, sabedores del camino que habíamos recorrido y por el que tanto nos habíamos ayudado. Eran continuas sus llamadas para saber de mis cosas, invitarme a una charla, una café o a su cumpleaños. Recuerdo como en una ocasión quiso venir a mi casa conocer a mi hija Andrea, que por entonces contaría tan solo con meses de edad. La agarró en sus brazos y se le iluminó la cara. No lo era, pero seguramente quería ser padre. Entonces, raudo me dijo “sácame una foto, y mándasela a mi madre, a ver qué dice”. Me enterneció mucho pensar que sostener a mi hija le había llegado al corazón.

Si en 2008, Jorge había creado “Última Palabra”, en 2014 compró la página “Medios Obson” catapultándola hasta ser referencia de la nota policiaca diaria en la región. Más tarde, en diciembre de 2015 lanzaría el periódico impreso “El Tiempo”, en una aventura de la que muchos le intentaron disuadir pues esto supuso la compra e instalación de una imprenta propia en una nueva y espacioso oficina, en años en los que todo el mundo daba por muerta la presa escrita. Una predicción que yo llevo escuchando desde mis años de universidad, y que nunca terminará de cumplirse. Para cerrar el círculo, en 2016 hizo alianza con la emisora “La Grupera” y comenzó un noticiero de Medios Obson en radio. Pero su carácter visionario lo llevaba mucho más allá, y ya trabajaba en nuevos proyectos de comunicación de los que nos veremos privados sin su liderazgo. 

Han pasado dos años dos ya de ese fatídico 16 de Mayo de 2020 en la que fue a a uno de sus restaurantes favoritos a compartir mesa con un par de amigos, a hablar de negocios, de grilla, de disfrute, y desde entonces nunca volvió. Se le extraña, ¿Pero saben? Jorge se quedó entre nosotros, como se quedan los seres queridos, con su cariño, con su astuto y ácido sentido del humor, con su legado de una gran persona y un recorrido incomparable, admirable, exitoso y lleno de anécdotas y amigos. Gracias por todo, George…

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