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La casa común

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Hoy celebramos el Día Mundial de la Madre Tierra. El día de nuestra casa común, que todos estamos llamados a cuidar, y muy en especial quienes representan y gobiernan a los Países en el mundo. Por ejemplo, es lamentable la decisión del Presidente Donald Trump, para retirar los compromisos de los Estados Unidos de América del Acuerdo de París, que me llevó a reflexionar sobre la Encíclica del Papa Francisco, y que por cierto le entregó en propia mano a Trump durante su visita a Roma. Este documento, inspirado en la visión de San Francisco de Asís (en remembranza a este Santo eligió el Papa su nombre como Obispo de Roma), nos lleva a reflexionar que la tierra es nuestra casa común , con la cual compartimos existencia, y que por ello estamos llamados a cuidarla. Por ende, el clima es un bien común, de todos y para todos. Sin embargo, olvidando que nuestro propio cuerpo está constituido por elementos del planeta, como el aire que nos da el aliento, y el agua que nos vivifica y restaura, hemos crecido pensando que que somos su dueño, y que por lo mismo tenemos autorizado explotarla.

Al crecer la población mundial y al modificar nuestros hábitos de consumo, nuestra sociedad es cada vez más demandante de energía. La usamos para transportarnos, para comunicarnos, para alimentarnos, para enfriarnos o calentarnos. Actualmente, un 85% de esa energía que utilizamos se genera con petróleo, gas o carbón. Esta realidad nos ha llevado a tener cada vez más pozos petroleros, de gas, y una deforestación ilimitada, produciendo no sólo un incremento en la temperatura del planeta, sino que también la eliminación de bosques y selvas, que sirven como pulmones naturales para limpiar el aire que respiramos. Contrario a lo que sucede en los ecosistemas naturales, donde las plantas sintetizan los nutrientes que alimentan a los herbívoros que después se convierten en alimento de los otros animales, cuyos residuos sólidos ayudan al nacimiento de nuevas plantas, y con ello concluir un ciclo virtuoso de reciclaje, nuestros hábitos de consumo y sistema de producción no concluye dicho ciclo. Es decir, no hemos logrado adoptar un modelo circular de producción que asegure recursos para todos, y para las futuras generaciones, y que supone limitar al máximo el uso de los recursos no renovables, moderar el consumo, maximizar la eficiencia del aprovechamiento, así como reutilizar y reciclar.

El agua potable es un ejemplo. Por ser un recurso vital para nuestra subsistencia, el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico que no puede estar sujeto a las leyes del mercado. Sin embargo, actualmente la demanda al agua potable es mayor que la oferta, y esa limitante hace que las familias más pobres tomen agua con microorganismos, que frecuentemente ocasionan muertes y enfermedades en su sistema digestivo. Pero no sólo ello, la escasez aguda del agua provocará el encarecimiento de los alimentos y otros productos que dependen de su uso. De allí la importancia de la cultura del agua, para que cuidemos mejor el recurso, así como la implementación de políticas públicas para el tratamiento y reutilización del agua.  

El aumento promedio de la temperatura del planeta, tiene su origen en el incremento del anhídrico carbónico y otros gases altamente contaminantes, provenientes de la quema del petróleo, gas y carbón, al momento de generar o consumir energía. Esto ha provocado el derretimiento gradual de los glaciares, y por ende, un incremento en los niveles del mar. Actualmente, una cuarta parte de la población habita en zonas costeras, mismas que se verán afectadas por dicho incremento, ya que los ecosistemas de dichas regiones cambiarán, provocando una migración de la flora y fauna, y un cambio de los sistemas de producción y de alimentación. De allí la importancia de sustituir los métodos de producción y consumo de energía, por fuentes renovables que no emitan dichos gases, y de que nuestro consumo de energía sea más eficiente. 

Revertir esta lamentable tendencia supone cambios profundos en los estilos de vida, modelos de producción y de consumo. En especial de aquellos Países que son altamente consumidores, como los Estados Unidos. Al retirarse del Acuerdo de París, esta potencia cancela las metas que se había propuesto para contribuir con el planeta para sustituir los métodos de generación de energía, hacia las energías limpias. Sin duda, una mala noticia para ese País, y para el mundo.

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