"EL AYUNTAMIENTO SOY YO”




Apenas la tercera de sesión de Cabildo de Cajeme y el alcalde Sergio Pablo Mariscal ya confunde la sala de Cabildo con el púlpito de un templo y lo traiciona su condición de académico: cree que está frente alumnos en un aula, pero lo que es peor, ya alucina de un complot hacia su administración.

Estaba desesperado y molesto ante las críticas de los regidores de distintos partidos, incluido de la alianza Juntos Haremos Historia, Rosendo Arrayales, a quien el munícipe al parecer le dedicó la más larga de sus intervenciones, que duró cerca de 12 minutos.

Y es que los regidores le urgían para que se revisaran los contratos de las lámparas led y la concesión de la basura; demandaban también políticas de austeridad en el gobierno, cuestionamiento por el cambio del color institucional, entre otros temas. No aguantó la presión del momento.

Además de la petición de "denme chanza", lo que vino como respuesta fue una serie de reproches y juicios hacia el actuar de los regidores aunque sin mencionar nombre en un mensaje que se suponía fue para calmar los ánimos ante un impávido secretario del Ayuntamiento.

Inspirado quizás en Luis XIV, el alcalde fustigó: "Basta de hacer cuestionamientos entre, como algo en la historia de nuestras administraciones y de la política en Cajeme, cuestionamientos estériles, vacuos, de confrontación, donde la energía definitivamente se dispersa, es hora de concentrar los esfuerzos, de poder  construir esta energía necesaria para apalancar los proyectos, las propuestas que necesitan los cajemenses".

Luego deslizó la sospecha para desviar la atención: "Se habla de que no seamos ligeros en apreciaciones, en valoraciones y resulta que de repente también por ahí sectores, no sé, que a lo mejor están interesados en que esto no tenga éxito, no tenga éxito" y "habrá quienes no estén interesados (en la Cuarta Transformación), es una pregunta que yo de repente lanzaría aquí a todos nosotros, a la ciudadanía y los medios de comunicación".

"Si seguimos viendo Moros con tranchete", continuó el presidente municipal en su soliloquio, "definitivamente no vamos a avanzar y lo digo por todos y cada uno de nosotros y lo digo por la ciudadanía y lo digo por los medios y por todos los sectores empresariales, sindicales, ehhh y de toda índole".

Y una reflexión con tooodo respeto: "Sentimos que…siento en lo particular que es un momento muy importante para hacer una reflexión, este, profunda, con respecto a cómo estamos haciendo las cosas; estamos dando pasos, cada uno hace un esfuerzo, cada uno de ustedes, este, mueve a quienes representa, este, convoca a la ciudadanía y de repente, este, por cualquier trivialidad ahí, que a alguien se le ocurre ehhh, generamos una situación, este, que definitivamente no representa los esfuerzos que estamos haciendo en sentido positivo y yo creo que hay que parar eso".

Tras convocar a no "gastar la pólvora en infiernitos" ni a "darse el lujo de perder el tiempo", sobrevino la enseñanza magistral de Mariscal: "La clave señores es lo positivo, la clave es construir y yo les digo la clave es la concordia y lo dije: si no están dispuestos a la concordia, simple y sencillamente, este, no habrá posibilidades de construir mucho o de aportar mucho a esa construcción".

Y remató con un "creo que es la oportunidad de que en lugar de andar viendo oposiciones, veamos propuestas constructivas, que de alguna manera con la conjunción, de todos los que estamos aquí, podamos hacer lo que no se ha hecho". 

"Disculpen que me haya prolongado pero emocioné", expresó un contrariado presidente municipal, quien minutos antes había llamado a "no de hacer de este espacio (el Cabildo) un ejercicio de oratoria y elocuencia". Lo suyo fue una perorata plagada de contradicciones, aderezadas con frases de los pergaminos de Miguel Ángel Cornejo.

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